El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

octubre 5, 2009

Italiano para principiantes & Postergeist: Tiramisú

Filed under: Savoy Truffle (Recetas) — dannymacgill @ 5:38 pm
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Tiramisú casero (foto cortesía de Bloody)

Que no os engañen. El tiramisú es sencillo de hacer. Tan fácil como A-B-C. No como leer el ABC, eso puede ser jodido que te cagas, en comparación.

El tiramisú es uno de los muchos platos que están diseñados por capas, en este caso 3. Se preparan por separados y se montan. Y se acabó. A ver qué os parece.

Capa A: Bizcochos de los normales (vainillas creo que los llaman en algún sitio…), remojados en café solo con un chorrito de ron. Única precaución: que el café esté frío para que el bizcocho no se deshaga nada más sumergirlo.

Tiramisú profesional

Tiramisú profesional

Capa B: Batimos dos yemas con dos cucharadas de azúcar hasta que palidezcan. Añadimos 250 gr (vamos, un envase de los normales) de mascarpone, un chorrito de Fra Angelico (sí, lo sí, lo sé, esta receta no es para abstemios… qué queréis que os diga, el que esté libre de pecado…). Bien mezclado, que quede homogéneo. Luego montamos las dos claras con una cucharada más de azúcar e incorporamos a la mezcla anterior. No es difícil. Sólo se ensucia un poquito.

Capa C: Chocolate negro rallado. Full stop.

Y nada, a montar en un recipiente rectangular o cuadrado, ya como veáis (improvisad!!!), por capas ABCABC… hasta que se os acaben los ingredientes.Seis horas de frigorífico, y a meter la cuchara.

Eso sí. Fundamental. Importantísimo. NUNCA os quitéis importancia por haber hecho tiramisú. Vale que es fácil, vale que hasta un diputado sería capaz de hacerlo. Pero luce demasiado, así que cuando presentéis el resultado, aseguraos de poner jeta de “me he tirado quince horas preparando esto… más vale que todos me digáis que esté de muerte”!!!

agosto 3, 2009

Postregeist: Brownies

Filed under: Savoy Truffle (Recetas) — dannymacgill @ 12:44 pm
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En fin, ahora que la operación bikini ha causado estragos en nuestras lorzas, tan esmeradamente cultivadas como despiadadamente agredidas (cuánto daño han hecho los Natur House, mare mía…) creo que es buen momento para poder darnos un homenaje sin sentirnos excesivamente culpables. La culpabilidad la dejamos para los curas, que siempre tienen que echarle la culpa a otros (o incluso a todos los demás) de todo lo que es malo y es perverso.

Pues nada, puestos a ser malos y perversos, nuestro mejor aliado es el chocolate. Nada más perverso, más adictivo, más delicioso. Y este postre es una forma sencilla (si lo puedo hacer yo…) y apropiadamente hipercalórica de consumirlo. Además de ser una de las pocas contribuciones de la cocina estadounidense que merezca la pena mencionar, eso también. Va por ti, Obama!!!

Vale, pamplinas aside, la receta de los brownies es extremadamente simple, al menos tal y como yo los hago. Por un lado, ponemos al baño maría 150 gramos de chocolate (70% o por ahí, es mi recomendación) y un par de cucharadas de mantequilla, a fundir despacito. Mientras, o endemientras como decimos en Cádiz, batimos dos huevos y cuatro cucharadas de azúcar bien batidos, hasta que la mezcla se quede blanca y espesa. O se usa una batidora o tiene uno los tríceps de Lou Ferrigno. Eso ya cada uno como lo vea.

Brownie-de-chocolate-Mezclamos entonces el chocolate fundido con la mezcla de huevo y azúcar muy despacito (incorporar es el término técnico, pero yo prefiero “mezclar despacito”), con una cuchara y haciendo círculos amplios. Cuando la mezcla esté homogénea, es el momento de elegir con qué alegramos los brownies. Podemos echarle frutos secos (nueces, avellanas, piñones),  frutas secas (pasas, coco), chocolate blanco,… ahí ya lo que más os guste. O lo que menos le guste al resto de la familia, que es una estrategia perfecta para pimplaros los brownies vosotros solos. Truquillos de cocina, ya sabéis.

Se mete al horno (previamente calentado a 180 grados) en un molde forrado con papel antiadherente y se deja unos 25 minutos. El truco de pinchar no vale: si la varilla o el tenedor salen limpios nos hemos pasado, los brownies deben estar un poco líquidos en el interior.

Los brownies se pueden servir de multitud de formas. Por ejemplo, podemos hacer un poco de chocolate fundido de más y usarlo para recubrir o decorar el brownie. Se puede servir caliente, con helado. Se puede servir frío, con una crema de menta. Se puede empapar ligeramente en algún alcohol (por ejemplo, de almendras). Se puede servir con nata, con mermelada o con frutas rojas. Pero sobre todo, se puede y se debe comer con cantidades ingentes de deliciosa culpabilidad.

julio 6, 2009

Postregeist: Arroz con leche

Filed under: Savoy Truffle (Recetas) — dannymacgill @ 9:28 am
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No soy nada bueno con la repostería: quedáis advertidos. Los expertos reposteros sabéis lo importante que es la medida y la proporción, y la verdad es que no me encuentro cómodo en esa tesitura. Ya sé que no es mi primer postre pero aún así no esperéis cosas muy sofisticadas.

He escogido esta receta por dos motivos: la primera porque la he hecho hace poco, la segunda porque es una receta familiar. Concretamente, ésta es el arroz con leche de mi bisabuela, que era una cocinera exceparroz_con_lechecional, talento que lamentablemente se ha perdido en el devenir generacional. Pero al menos nos ha quedado su receta.

Los ingredientes básicos (mejor dicho, las proporciones) son: 1 litro de leche, 250 gramos de arroz y 200-250 gramos de azúcar, dependiendo de lo golosos que sean los comensales. El arroz debe ser del de toda la vida, del que suelta almidón, nada de basmati ni vaporizado ni esas cosas modernas…

Para empezar lavamos bien el arroz, o lo tenemos cinco minutos cociendo en agua (si queremos que suelte luego menos almidón). Una vez hecho esto ponemos a cocer la leche a fuego medio, con el azúcar y uno o más de los siguientes condimentos:

– Canela. Para mí, indispensable. Una varita por cada 4 personas es suficiente.

– Piel de limón. Ya sabéis, procurad que no haya parte blanca. La piel de medio limón por cada 4 personas está bien. Como alternativa, podéis usar la piel de otro cítrico, como naranja o mandarina (pomelo… yo diría que no…).

– Vainilla. Prefiero una vaina a alguna de las variantes procesadas. Es más cara, pero se puede reutilizar, basta dejarla 5-10 minutos en la leche.

Conviene remover con frecuencia, aunque no hay mucho riesgo de que se pegue, debido al azúcar. Cuando la leche esté caliente (echando humito) incorporamos el arroz y dejamos cocer. El tiempo de cocción depende del tipo de arroz, pero éste es uno de los pocos platos donde no me importa que el arroz se pase un poco… Cuando el arroz esté bien cocido (no debe quedar mucha leche, y la que quede debe estar entre líquida y cremosa) se vierte en una fuente y se enfría. Para la decoración podéis usar canela, chocolate, hojas de menta, frutas rojas,… o dejaros de gilipolleces y meter la cuchara!!!!

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