El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

noviembre 25, 2009

Desata tu entusiasmo (Whatever works, Woody Allen)

Filed under: The end (Cine) — dannymacgill @ 12:33 pm
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Woody Allen vuelve a New York. Eso ya de por sí es una buena noticia. No es que su periplo europeo (que parece que proseguirá) no haya dado buenas películas, dejando a un lado el truño de Vicky Cristina Barcelona. Pero es que esta vuelta a sus orígenes y a sus paisajes urbanos de costumbre también trae una vuelta a la brillantez y al mejor humor en su escritura.

En Whatever works, Allen exagera y estira los tópicos, eso es cierto. La América profunda, reflejada en la familia Celestine, pueblerina y reprimida;  la cosmopolita (y, a ratos, un tanto superficial) New York, retratada en los amigos del protagonista. El amor en sus encarnaciones menos habituales, la familia en su vertiente tradicional y no tanto, la brillantez intelectual y las dificultades que conlleva (para el que la posee y para los que viven con él).

Pero sobre todo, estira su propio tópico, esta vez encarnado en Boris, un ex-profesor de física hipocondríaco, grosero, soberbio, misántropo y sarcástico, magistralmente interpretado por Larry David. Pero cuando vemos a Larry David, estamos escuchando a Woody Allen; imposible disociar la persona del personaje. Sin embargo, sería injusto no mencionar la aportación de David, su sonrisa irónica y su complicidad, que probablemente hacen al personaje más simpático de lo que lo hubiera hecho Woody Allen.

Lo mejor de esta película es, como solía ocurrir, el guión. Rápido, divertido, a ratos realmente brillante. Lo peor, algún que otro recurso demasiado fácil. Pero es que uno no lo puede evitar. De Woody Allen siempre espero lo mejor de lo mejor. Y está vez se ha quedado cerca.

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Imagination is funny (The Imaginarium of Doctor Parnassus, Terry Gilliam)

Excesiva. Barroca. Desmesurada. La última película de Terry Gilliam, The Imaginarium of Doctor Parnassus, es todo eso. Y mucho más. Es una obra maestra. Es una película imprescindible. Porque Terry Gilliam ya ha demostrado varias veces (Brazil, The Fisher King, 12 Monkeys) que posee un universo absolutamente propio y eso es algo que casi ha dejado de ocurrir en el cine moderno. Hoy lo que única que importa es la taquilla, así que las sagas y los remakes, que son los que garantizan recaudaciones de nueve cifras son el producto que manda. Y sobre esta ola de mercantilismo asfixiante, un creador como Terry Gilliam tiene que pelear incansablemente para llevar a la pantalla un nuevo y casi siempre desaforado experimento. Esta vez, por suerte, lo ha conseguido.

Hablando de la película en sí, aunque el reclamo publicitario (lógico, por otra parte) es que se trata de la última película del malogrado Heath Ledger, lo cierto es que para mí este película se resume en dos nombres: Christopher Plummer y Tom Waits. Ambos, Parnassus y Mr. Nick, establecen una relación tan especial, tan mágica y tan divertida (en cierto sentido) que cada diálogo resulta impagable. En especial, me ha sorprendido muchísimo y muy gratamente volver a ver al gran Christopher Plummer (a quien echaba mucho de menos en la gran pantalla) en un papel tan hermoso como difícil, a la altura de su talento.

Heath Ledger, merece la pena comentarlo, está bien. Incluso podría decir que muy bien. Y su desafortunada desaparición, cuando aún no había terminado el rodaje, llevó al equipo a una solución tan ingeniosa y brillante que mejora incluso el planteamiento original. Y de todos los Heath Ledger posibles… me quedo con Johnny Depp (tendréis que ver la peli para seguirme en esto… y de hecho es lo que trato de que hagáis!!!).

En fin, no os perdáis Doctor Parnassus, dejaos introducir en el mundo circense y alucinado de este gran creador y descubrid a este personaje, tan maravilloso como trágico, consciente (como nadie) de que el universo sigue existiendo porque, en algún lugar, alguien está contando una historia.

noviembre 24, 2009

Rediós (IV): Suzanne (Leonard Cohen)

Parece mentira, pero esta chica, vestida con plumas y harapos, que te ofrece té y naranjas y te enseña a mirar entre la basura y las flores ya ha cumplido 40 años.

Y sigue emocionándome como la primera vez que la escuché. Más ahora, quizás, que puedo ver a Cohen cantándola con su guitarra, con una voz mucho más profunda y una mirada más sabia.

Y junto con esta chica, caótica y maravillosa, la primera de las muchas referencias del poeta a Jesús. Como casi siempre, un Jesús humano, a la espera de que el mar le libere. Como todos.

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