El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

diciembre 31, 2008

Todos los caminos llevan a NY (My blueberry nights, Wong Kar-Wai)

my_blueberry_nights_ver4

Para terminar el año os dejo una sugerencia de cartelera My blueberry nights, la primera aventura americana del siempre diferente y original Wong Kar-Wai (2046, In the mood for love).

Para empezar el tío ha tenido los huevos de poner a una debutante (la fabulosa cantante Norah Jones) como protagonista absoluta. Eso sí, rodeada de un reparto de secundarios de lujo asiático (qué bien traío el chiste… jodé, soy taaaaan grasioso…): Jude Law (no se puede ser más atractivo, copón!!!), Natalie Portman, Rachel Weisz y David Strathairn.

Una galería curiosa, a veces trágica de personajes con los que Elizabeth (Lizzie, Beth, Betty,…), el personaje de Norah Jones, se irá encontrando a lo largo de un viaje que es, a un tiempo, un viaje real cruzando Estados Unidos y un viaje interior motivado por una ruptura amorosa un tanto traumática. En ambos viajes sirve de bitácora una relación epistolar con Jeremy (Jude Law), quien no ha necesitado moverse de Nueva York para encontrarse a sí mismo y su lugar en el mundo.

Siendo en mi opinión una película de lo más recomendable en general, lo mejor, para mí, son los “detalles Wong Kar Wai” (colores, texturas) y la escena final (vais y la veis si queréis saber qué pasa, ein?). Y del reparto… lo mejor, pero de largo, es David Strathairn. Su encarnación de un hombre atrapado entre la bebida y el pasado es simplemente estremecedora (como casi todo lo que hace este tío). Así que aquí os dejo el tema que aparece de forma recurrente en la película cuando nos cuenta su historia: Try a little tenderness. Si uno lo piensa… no podía ser otro tema.

Anuncios

diciembre 30, 2008

Early blues (VIII): Robert Johnson, “Sweet Home Chicago”

Estos martes de revisión del Delta Blues tenían, forzosamente, que terminar con Robert Johnson. Poco se puede decir de Robert Johnson que no sea parte de la leyenda. Nadie sabe cuándo nació (posiblemente en mayo de 1911), pero fue en Mississippi, y era nieto de esclavos. No sabemos la fecha exacta del día en que vendió su alma al diablo, a cambio de convertirse en el mejor músico de blues de la historia, como él mismo contó en Me and the Devil y Crossroads. No sabemos cómo murió, aunque las tres versiones más aceptadas son neumonía (muy probable), sífilis (mucho más probable) y envenenamiento por estricnina mezclada con bourbon, por flirtear con quien no debía (ésta es la que más me gusta a mí, la verdad). No sabemos dónde está enterrado, porque hay tres tumbas con su nombre en el cementerio de Greenwood, Mississippi, tal vez para intentar burlar su parte del trato…

Pero nos quedan dos fotos y veinticuatro grabaciones legendarias, versionadas hasta el exceso por todo el que alguna vez ha sentido el blues (Muddy Waters, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, The Rolling Stones, Jeff Beck, Jack White, Eric Clapton,…). Escoger uno de estos temas es complicado, todos son esenciales en la historia del blues. Pero, puestos a quedarnos, con uno… éste, de 1934, está bien.

diciembre 26, 2008

Relato: Flashback

Una versión moderna (?), y muy muy libre, de “Cuento de Navidad”…

I. EL JAGUAR

Estoy en el coche del padre de Marco Antonio. Marco Antonio y yo somos compañeros de banca desde primero. Hemos hecho un trabajo en su casa, sobre la penitencia, y ahora su padre me lleva a la mía. El padre de Marco Antonio tiene un supermercado, uno de los primeros que abrieron en la ciudad. Y un Jaguar. Cuando entro en él, no puedo evitar compararlo con el coche de mi padre. Ni siquiera huelen parecido. Marco Antonio me mira con ojos pícaros. Me pregunta:

– Y tu padre, ¿qué coche tiene?

Yo debo tener siete o ocho años, porque mis padres aún viven… Intento mantener la dignidad mientras respondo:

– Un RENAULT 4L

Digo la marca bien fuerte, porque mi padre siempre dice que los Renault son coches muy buenos. Son franceses. El padre de Marco Antonio sonríe, pero no me gusta lo que dice su sonrisa. Después comenta:

– El 4L es un buen coche. Sí señor.

No parece sincero. Me siento pequeño y estúpido dentro de este coche, sobre esta tapicería que parezco no merecerme. Odio a mi padre. Tomo nota. Cuando sea mayor, mi hijo irá en un Jaguar. Mi hijo no se avergonzará jamás de mí.

II. EL BESO

Mi primer beso con Sara. En plena clase de Microeconomía. Todos sabían que estábamos tonteando, pero nadie, y menos que nadie Sara, esperaba que fuera a darle un beso en plena clase del Caraculo. Sara está colorada, pero me mira de una forma… En ese momento, sé que es mía, que lo será para siempre.

III. LA ABUELA

Acompañando a mi abuela hasta el coche de la residencia. No se detiene, no se vuelve, pero no se quiere ir. Normal. Esto no está al alcance de ella, no puede comprenderlo. No entiende que ahora es el momento. El solar de la casa vale una fortuna, eso dice la tasación, pero la casa en sí es una ruina total. Mi amigo Carlos nos ha hecho el proyecto por la mitad de precio, Rober nos ha encontrado un contratista de confianza. Con lo que cuesta encontrar alguien ahora que te levante una casa…

Sara no parece muy contenta. Parece mentira que sea economista. No entiende nada.

– Es tu abuela, cariño. Te crió ella, ella sola. Y ésta es la casa donde ha vivido toda su vida. Por dios, si nació aquí…

Me concentro en ayudar a mi abuela, en su camino vacilante hasta el coche. Entra en el coche, con los ojos húmedos. Mi abuela siempre tiene los ojos húmedos.

– Vendrás a verme mucho, verdad, mi niño?
– Claro que sí, abuela, ya lo sabes… Mira, mañana mismo me paso y te llevo unos libros para que te entretengas.
– Ay, hijo mío… Tú no sabes que yo no sé leer bien? Si yo sólo sé leer para mí…

Me besa como si no fuera a verme más. El coche arranca. Me siento liberado. Quizá porque sé que no la volveré a ver.

IV. ALEJANDRO

Alejandro en mis brazos. Es diminuto y mueve las manos como si quisiera rascarse la nariz. No puedo quedarme mucho en el hospital, tengo trabajo, el mundo no se para porque nazca mi hijo. De todos modos la madre de Sara está aquí y me dice que los hombres en estas ocasiones estorbamos más que ayudar. Supongo que tiene razón… Si me doy prisa puedo llegar a la apertura de Chicago.

V. TENIS

Sara entra en mi office. El Nikkei está disparado. Hoy puedo ganar fácil de 500 a 600 mil dólares para la empresa. Yo solito. A ver qué cojones quiere. Sara al servicio.

– Tenemos que hablar. – Buf, servicio a la red. Como no mejores, no conseguirás que me digne a quitar la vista de la pantalla… – Son los niños… Creo que tienes que pasar más tiempo con ellos, cariño… Lo creo de verdad.

Joder, joder, JODER. Voy a terminar rápido con este punto, porque no es el momento. Qué inoportuna puedes llegar a ser, Sara, hostias.

– Sara, hemos hablado de esto muchas veces. Tú eres la que se encarga de eso. Tú no tienes otra cosa que hacer. Yo les dedico el tiempo que puedo… pero tengo trabajo, tengo responsabilidades… – No, creo que no va a valer… seguro que me devuelve esta pelota.

– Ya lo sé. – Silencio. – Ya lo sé. Pero tus hijos se están convirtiendo en unos desconocidos para ti. Y tú para ellos. No recuerdas sus cumpleaños si yo no te lo digo, no sabes quiénes son sus amigos, no…

Decido acabar por la vía rápida. Un buen revés de derecha, como los que devuelve el jefe. Qué cabrón, nadie diría viéndole jugar que tiene más de cincuenta…

– Y qué quieres que haga yo? Crees que tengo tiempo para eso? Y quién gana entonces el dinero? Eh? EH? Quién paga esta casa? Quién paga el puto colegio inglés? Quién paga las vacaciones en Canadá?

Anda, devuelve esto, Sara… Baja la vista. Abre la puerta. Desde el dintel me lanza su último golpe.

– Y quién necesita esta casa, ese colegio y las vacaciones en Canadá…

Cierra la puerta. Punto para Sara. Mierda.

VI. DESPERTAR

Abro los ojos… dónde estoy? Dónde cojones estoy? Sábanas blancas. Luces fluorescentes… Una cara amable, una señora gorda. Dice algo, no la entiendo. Viene un tipo. Pelo entrecano, gafas baratas. Me coge la muñeca. Mira un aparato que está a mi lado. Empiezo a recordar… subiendo las escaleras de la Bolsa… el dolor en el pecho, la asfixia… En ese momento sólo podía pensar en qué día es el cumpleaños de Alejandro… no podía recordarlo… era el 13 o el 14 de mayo?

Trato de hablar. Mi boca está pastosa, así que articulo con cuidado.

– Podría alguien dejarme un móvil? Tengo que llamar a la oficina.

Este relato pertenece a “El Club de los Jueves” (16/10/08). Tema propuesto: La Bolsa.

Página siguiente »

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.