El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

junio 5, 2011

La crisis que ¿no? hemos creado

Filed under: A day in the life (Pensamientos o casi) — dannymacgill @ 6:40 pm

Estos días asisitimos a un momento político realmente fascinante.

Unas elecciones municipales y regionales que han perdido en buena medida su enfoque local para convertirse en una suerte de pre-elecciones nacionales. Y que, desde esta óptica, han supuesto el varapalo más serio que se recuerda a un Gobierno.

Un Gobierno que sigue defendiendo a capa y espada unas medidas que lo han traído a esta situación, como si fueran déspotas ilustrados (“es por vuestro bien, aunque no lo entendáis”) y que fían su negro futuro a un nuevo candidato para las próximas elecciones.

Un candidato que tiene que convivir con la esquizofrenia de presentar un proyecto propio “ilusionante” (palabra de uso obligado entre los políticos, a pesar de no figurar en el diccionario…) pero siendo corresponsable de unas medidas que con gusto habría firmado la oposición.

Una oposición crecida, como debe ser tras una victoria incontestable, cuya mayor fortaleza electoral reside en su monolítica compacidad. Porque de su proyecto, y de su líder, ni siquiera los más acérrimos defensores son capaces de enumerar virtudes.

En medio de este panorama tan faxcinante (como decía Woody Allen en “Delitos y faltas”), un numeroso grupo de ciudadanos se echa a la calle, en un movimiento de generación tan singular como inesperada. De qué se quejan? De una clase política que “no les representa” y que ha entregado el país al poder económico: banqueros, mercados, grandes fortunas,…

Vamos, lo que ya dijo La Polla Records, allá por los 80, en su canción “El Congreso de Ratones”. Todos unos profetas, los chicos de Evaristo Páramos.

Y, a todo esto… estamos en crisis. Acabáramos. Tenemos la misma clase política esencialmente cutre, inepta y mangona desde hace años. Tenemos los mismos banqueros trepas, codiciosos y sinvergüenzas desde hace años. Por qué ahora nos quejamos?

Porque estamos en crisis. Porque hace diez años, cuando había trabajo, cuando cualquier juntaladrillos iba en Audi, cuando nos producía satisfacción chulear de que habíamos vendido la casa al triple de lo que nos costó, cuando sonreíamos al poder apretarle al banco en las condiciones de la hipoteca… entonces nadie se quejaba.

Con total seguridad los políticos que tenemos son basura. Los bancos no tienen ética ni aunque busquen debajo de las uñas. Pero, somos nosotros diferentes? Realmente no hemos creado la crisis? No hemos sido egoístas y despilfarradores? No hemos intentado ser los más listos de la manada? En serio?

Nuestra banca y nuestra clase política no tiene ética, pero y nosotros? Exigimos a nuestros bancos que no exploten los recursos de países empobrecidos? Exigimos a nuestros políticos que dejemos de fabricar bombas de racimo? Exigimos que se cumplan criterios medioambientales?

La desregulación, decimos, nos ha despojado de conquistas sociales, nos ha arrojado a los pies de los caballos y nos ha convertido en simple mercancía en manos de los poderosos.

Y es verdad.

Pero, qué pasaba cuando nosotros jugábamos a ser poderosos, y la desregulación era nuestra amiga, y los arrojados a los pies de los caballos, los que eran mercancía en nuestras manos eran otros? Los 3.000 millones que se mueren de hambre, por ejemplo.

La verdad es que creo que hace falta un bofetón bien fuerte en la jeta de la política y de la economía. Pero no olvidemos hacer algo de autocrítica. Tal vez no sea casualidad que tengamos el país que tenemos. Tal vez si queremos tener otro país podríamos empezar por cambiar nosotros.

Porque esta crisis, como todas, pasará. Y el auténtico problema no será que el nivel de vida descienda o que perdamos poder adquisitivo.

El auténtico problema será que la crisis pase y no hayamos aprendido nada.

 

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mayo 22, 2011

Manifiesto apartidista

Filed under: A day in the life (Pensamientos o casi) — dannymacgill @ 11:58 pm

No soy apolítico, ni pretendo serlo.

Pero creo que ciertas cosas deben estar por encima del juego político. Y creo que nuestra democracia está enferma de políticos mediocres, de aparatos que fagocitan principios y debates y también, y sobre todo, está enferma de un electorado perezoso y conformista.

Por todo ello he decidido expresar en estas líneas mis descontentos, que no tienen sesgo partidista y que creo que pueden ser compartidos por muchos que, como yo, ni son ni quieren ser apolíticos.

En primer lugar, creo que España necesita atajar el problema de la corrupción política. No podemos consentir con normalidad el vergonzoso espectáculo de una clase política despilfarradora y que se exhibe con total desvergüenza, cuando no desvía enormes cantidades de dinero de manera impune a los acólitos de turno. Seguro que hay cosas que se pueden hacer. Se me ocurre un tribunal específico (como la Audiencia Nacional lo es para terrorismo y droga), se me ocurre eliminar la prescripción de los delitos por corrupción, se me ocurre elevar las penas (sobre todo las económicas), se me ocurre evitar los bailes de recusaciones e inhibiciones que alargan hasta la náusea las instrucciones de estos casos. Se me ocurre casi cualquier cosa, menos seguir mirando para otro lado mientras unos ponen el cazo y otros echan en ese cazo nuestro dinero.

En segundo lugar, España necesita un poder judicial independiente. Necesitamos jueces que no le deban su puesto a un partido, de lo contrario estamos abocados a una permanente instrumentalización de la justicia para fines políticos. Que no me vengan con que la justicia emana del pueblo. Si la justicia fuese justicia no dependería de intereses espúreos.

En tercer lugar, y mucho más importante, España necesita ciudadanos. No es un término tan simple. Necesita que todos nos tomemos en serio nuestra parte de responsabilidad en la sociedad. Necesita que seamos capaces de debatir sin insultarnos ni encanallarnos. Necesita que seamos capaces de respetar las ideas del otro. Necesita que seamos capaces de tener espíritu crítico, no tragarnos sin más las opiniones de tal o cual columnista o tertuliano o polìtico. Necesita que seamos capaces de comprometernos a crecer como personas. Necesita que dejemos de idiotizarnos con pan y circo, con vidas ajenas de personajes vacíos y con bombardeos publicitarios. Necesita que no abdiquemos en opinadores ajenos y apesebrados de nuestro derecho a tener ideas, a expresarlas, a defenderlas y, por qué no, a cambiarlas, llegado el caso.

Y mucho me temo que el status quo de nuestra coyuntura política, social y económica, o sea, los partidos que tenemos (pienso sobre todo en los mayoritarios, aunque no sólo en ellos), la banca, las grandes corporaciones y la práctica totalidad de los medios de comunicación NO quieren que cambie nada.

Quieren políticos a los cuales se les pueda corromper.

Quieren jueces a los cuales se les pueda influir.

Quieren ciudadanos a los cuales se les pueda decir “come y calla”.

Yo, en cambio, quiero otras cosas.

Quiero gente con la que pueda discutir y argumentar, gente de la que pueda aprender cuando me expongan sus puntos de vista, diferentes a los míos.

Quiero que todos los que pensamos que la sociedad necesita un cambio seamos capaces de ponernos de acuerdo, de manera honesta y leal, en los principios éticos que deben guiarnos.

Quiero poder dejarle a mi hija en herencia una sociedad más justa, más honesta, más tolerante, más responsable y más íntegra y honrada.

Pues eso. No soy apolítico. No pretendo serlo, ni quiero serlo.

Lo que tengo claro es que quiero ser un ciudadano, no un votante.

octubre 30, 2010

Para la libertad

Sangrar, luchar y pervivir. Y sentir más corazones que arenas en mi pecho.

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