El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

abril 27, 2010

Ein? (IV): Bennie and the Jets (Beastie Boys)

Pues se termina el friki-mes, con una sugerencia de una amable espectadora, que mira que yo no soy dado a esas cosas, pero la verdad es que merece la pena.

Casi todos conoceréis (supongo) Bennie and the Jets, un pedazo de tema de Elton John, de su magnífico Goodbye Yellow Brick Road, donde satirizaba la industria musical de los 70 por su escasa actitud artística y su obsesión con fabricar únicamente éxitos comerciales (desde luego, vivir para ver…).

En fin, una canción de esas que uno supone inversionables… pero no los cachondos mentales de los Beastie Boys y su colega Biz Markie, que hicieron su propio homenaje a Elton John… digamos que a su manera…

Casi mejor no pongo la letra, porque pa’qué… 🙂

Well, oh well, se terminó el mes. Gracias por la atención prestada, y sobre todo gracias a PetaZetas por descubrirme este temazo. No paramos de aprender, no…

Anuncios

abril 24, 2010

Chopin (VI): Liszt (Rapsodia Húngara no.5, R. Szidon; Liebestraume no.3, A. Rubinstein)

Como figura eminente de la cultura de su tiempo, Chopin hizo grandes amistades, sobre todo en París, donde residió de manera más estable entre 1830 y 1849. Grandes artistas como Delacroix o Balzac, y gente del mundo de la música como el famoso fabricante de pianos Pleyel se contaban entre su círculo íntimo (sin mencionar, por supuesto a Aurora Dupin / George Sand, de la que ya hablaré… cuando reúna fuerzas).

Sin embargo, una amistad especial, por su increíble confluencia de genios y disparidad de caracteres, fue la de Chopin con Franz Liszt, otro gigante de la música europea de la época. Difícilmente se podría pensar en personas más distintas. Liszt era uno de los pianistas más aclamados y solicitados del continente, una auténtica rockstar, para entendernos. Sus conciertos tenían fama de ser espectaculares por su increíble virtuosismo y velocidad; y desde luego eran multitudinarios (para la época). Chopin, en cambio, físicamente débil para dar ese tipo de recitales se encontraba más a gusto en pequeñas salas donde se podían disfrutar sus pianissimi. Liszt, como buen niño prodigio sin infancia, era un juerguista, mujeriego y bon vivant (al menos hasta que vio la luz y se hizo cura… pero para entonces ya tenía como 70 años… :-)). Chopin era tímido y retraído y prefería mantener sus relaciones amorosas en la intimidad, al contrario que Liszt, que no dudaba en vivir en pareja con su amante de turno, comportamiento escandaloso para la época pero que, obviamente, contribuía a reforzar la leyenda.

A pesar de todas estas diferencias, ambos mantuvieron una relación fraternal y un vínculo fortísimo. Liszt defendió a su amigo en algunos de sus peores momentos (sobre todo tras la ruptura con George Sand), y tras la muerte de Chopin, escribió la primera biografía del genio polaco. El lamento por su pérdida influyó una de sus obras más dolorosas, la Rapsodia Húngara no. 5, aquí en una tremenda interpretación de Robert Szidon.

Chopin, por su parte, dedicó a Liszt sus Estudios op.10, que revolucionarían definitivamente la técnica pianística del momento. Pero, sobre todo, influyó en su amigo y le animó a convertirse en el compositor que llegó a ser. Antes de Chopin, Liszt era básicamente un intérprete. Gracias a su influencia, desplegó la creatividad y la imaginación que antes reservaba para las transcripciones. No es de extrañar que sus principales obras para piano sean deudoras de los géneros tocados por Chopin. Así, podemos leer la influencia folclórica de las mazurkas y poloneses en las rapsodias húngaras; el virtuosismo lírico de los estudios de Chopin en los Estudios Trascendentales de Liszt. Y, por supuesto, el espíritu de los nocturnos en las preciosas Consolaciones o en los Liebestraume, como éste, famosísimo, número 3, interpretado por el gran Rubinstein.

abril 21, 2010

El rincón oscuro (Shutter Island, Martin Scorsese)

Filed under: The end (Cine) — dannymacgill @ 10:07 am
Tags: , , , , ,

Lunes de feria. Sesión de noche. Una película que lleva un par de meses en cartelera. Resultado: toda la sala para mí.

Me encanta estar absolutamente solo en una sala de cine. Y en películas como ésta, más.

Shutter Island es un viaje amargo y duro a los rincones oscuros del cerebro, donde se esconden (o tal vez no tanto) la locura, la angustia, los terrores más inconfesables y los recuerdos más dolorosos.

Está basada en una novela de Dennis Lehane, el autor de la también desasosegante Mystic River, y cuenta con un reparto de auténtico lujo. Aparte del recurrente Leonardo DiCaprio, que lo hace francamente bien, tenemos a Mark Ruffalo, Ben Kingsley (soberbio!!!), Ted Levine y la presencia inmensa del mítico Max Von Sydow. El escenario, imponente, una isla cercana a Boston convertida en manicomio y prisión para reclusos violentos y extremadamente peligrosos. Un lugar tétrico, azotado por tormentas y donde el mayor peligro puede que no sean los presos.

Con estos mimbres, y Scorsese tras la cámara, uno espera un auténtico peliculón. Sin embargo, no sé muy bien por qué, no me lo pareció. Las interpretaciones resultan convincentes, sí. La dirección, impecable (por supuesto). Pero en mi opinión, el guión pierde la oportunidad de explotar los aspectos más interesantes (las conexiones con los experimentos nazis, por ejemplo), en favor de unos giros argumentales que resultan poco sorprendentes. Y lo que menos me gustó: la música a todas luces (o sonidos) excesiva, intentando crear una tensión falsa cuando las escenas en sí mismas bastan para crear una auténtica.

El estremecedor mundo de la locura y de los trastornos de personalidad ha sido explorado en muchas ocasiones por el cine. Alguien voló sobre el nido del cuco, El rey pescador, Eternal sunshine of the spotless mind, El club de la lucha, Sunset Boulevard, Memento,… por mencionar sólo un puñado de obras maestras. Muy a mi pesar, Shutter Island no llega a esta altura. Pero desde luego, es un película interesante. Amarga, dura, tensa y sobre todo inmensamente triste.

Página siguiente »

Blog de WordPress.com.