El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

abril 24, 2010

Chopin (VI): Liszt (Rapsodia Húngara no.5, R. Szidon; Liebestraume no.3, A. Rubinstein)

Como figura eminente de la cultura de su tiempo, Chopin hizo grandes amistades, sobre todo en París, donde residió de manera más estable entre 1830 y 1849. Grandes artistas como Delacroix o Balzac, y gente del mundo de la música como el famoso fabricante de pianos Pleyel se contaban entre su círculo íntimo (sin mencionar, por supuesto a Aurora Dupin / George Sand, de la que ya hablaré… cuando reúna fuerzas).

Sin embargo, una amistad especial, por su increíble confluencia de genios y disparidad de caracteres, fue la de Chopin con Franz Liszt, otro gigante de la música europea de la época. Difícilmente se podría pensar en personas más distintas. Liszt era uno de los pianistas más aclamados y solicitados del continente, una auténtica rockstar, para entendernos. Sus conciertos tenían fama de ser espectaculares por su increíble virtuosismo y velocidad; y desde luego eran multitudinarios (para la época). Chopin, en cambio, físicamente débil para dar ese tipo de recitales se encontraba más a gusto en pequeñas salas donde se podían disfrutar sus pianissimi. Liszt, como buen niño prodigio sin infancia, era un juerguista, mujeriego y bon vivant (al menos hasta que vio la luz y se hizo cura… pero para entonces ya tenía como 70 años… :-)). Chopin era tímido y retraído y prefería mantener sus relaciones amorosas en la intimidad, al contrario que Liszt, que no dudaba en vivir en pareja con su amante de turno, comportamiento escandaloso para la época pero que, obviamente, contribuía a reforzar la leyenda.

A pesar de todas estas diferencias, ambos mantuvieron una relación fraternal y un vínculo fortísimo. Liszt defendió a su amigo en algunos de sus peores momentos (sobre todo tras la ruptura con George Sand), y tras la muerte de Chopin, escribió la primera biografía del genio polaco. El lamento por su pérdida influyó una de sus obras más dolorosas, la Rapsodia Húngara no. 5, aquí en una tremenda interpretación de Robert Szidon.

Chopin, por su parte, dedicó a Liszt sus Estudios op.10, que revolucionarían definitivamente la técnica pianística del momento. Pero, sobre todo, influyó en su amigo y le animó a convertirse en el compositor que llegó a ser. Antes de Chopin, Liszt era básicamente un intérprete. Gracias a su influencia, desplegó la creatividad y la imaginación que antes reservaba para las transcripciones. No es de extrañar que sus principales obras para piano sean deudoras de los géneros tocados por Chopin. Así, podemos leer la influencia folclórica de las mazurkas y poloneses en las rapsodias húngaras; el virtuosismo lírico de los estudios de Chopin en los Estudios Trascendentales de Liszt. Y, por supuesto, el espíritu de los nocturnos en las preciosas Consolaciones o en los Liebestraume, como éste, famosísimo, número 3, interpretado por el gran Rubinstein.

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