El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

febrero 13, 2009

Relato: Asimetría

Vamos a dejarlo claro. Yo no padezco un trastorno obsesivo compulsivo, simplemente una cama que esté deshecha o una que esté mal abierta me parecen un ejercicio intolerable de asimetría.

Por eso cuando Lennon me despierta cantando “Sexy Sadie”, lo primero que hago es echar del edredón a Leia y a Obi-Wan, que muestran su desacuerdo maullando con indignación. Después me sitúo, con la referencia del cabecero, en el centro exacto de la cama. Estiro la sábana, aprovechando mi posición de privilegio. Lo hago concienzudamente, eliminando cualquier vestigio de arruga. A continuación repito el proceso con el edredón. En cierto sentido es más fácil porque se arruga menos. Pero también es más complicado, porque no se debe alterar el estado de equilibrio de la sábana. Eso es importante. Me ha llevado años perfeccionarlo, pero ahora soy un consumado maestro.

Es el momento de una operación extraordinariamente sutil: el doblado. Como es obvio para cualquiera, la sábana y el edredón deben doblarse en tres. Claro. Y si se quiere que los tres dobleces sean iguales hace falta tener, de nuevo, una referencia inequívoca. En mi caso, sitúo la unión de los temporales contra el cabecero y, en esa postura precisa, el primer doblez debe hacerse tres dedos (tres dedos de los míos, cabría apuntar) por encima del borde superior de mi ombligo. A continuación el segundo doblez, y no hay mayor satisfacción que comprobar, día tras día, como el límite entre los dobleces primero y segundo coincide con el final del colchón.

Una vez hecho esto, me dispongo a realizar mis estiramientos. Primero el cuello, en los tres planos de rotación. Luego entrelazo mis manos tras la espalda y estiro los dorsales. Estiro tríceps y trapecio pasando los brazos bajo el cuello y tras la nuca, respectivamente. Después estiro los abdominales inferiores y superiores y llego a mi momento favorito: los abdominales oblicuos.

La mayoría de la gente desconoce lo importante que es estirar bien los abdominales oblicuos, y es una lástima. Yo tengo en mi cuarto un espejo de cuerpo entero, adquirido únicamente con el fin de realizar bien este ejercicio. Abriendo las piernas, inclinando el tronco y estirando un brazo por encima de la cabeza, de forma que desde la mano hasta el pie haya una línea recta. Tiene que ser perfecta, perfecta o el estiramiento deja de ser una ceremonia de la geometría para convertirse en un sucio e irregular ejercicio.

Después estiro sartorio, cuadríceps, gemelos y abductores. Los abductores lo último, por motivos obvios. Y ya estoy listo. Listo para mi ducha fría de la mañana. En total, abrir la cama adecuadamente y estirar, nueve minutos.

O así ha sido hasta hoy. Esta mañana Obi-Wan y Leia no estaban en el edredón, vagamente recelosos como corresponde. Y cuando ha sonado “Sexy Sadie”, ella me ha acariciado la nuca, me ha llevado hasta su boca y nos hemos besado. Nos hemos besado durante nueve minutos y cuarenta y cinco segundos. Lo sé porque a Lennon le ha dado tiempo de cantar la canción tres veces. Ha sido un beso tierno, húmedo, relajado, inquisitivo y cómplice. Me he visto forzado, obviamente, a renunciar a mis estiramientos. Y también a abrir la cama, porque cuando hemos terminado se ha dado la vuelta, no sin antes decirme: “Debes saber que te amo. Y que me quedo en la cama.”

Cuando me dirigía hacia el baño he visto su imagen en el espejo. Y, siendo honesto, he de reconocer que me ha faltado poco para volver a la cama, a sugerirle que se colocase mejor en el centro del colchón, a ser posible con una postura menos desgarbada. Pero lo he dejado pasar. Al menos por hoy. Hoy encuentro cierta belleza en la asimetría. En la suya.

Sexy Sadie, you broke the rules…

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7 comentarios »

  1. Ahora sí 🙂

    Comentario por pat — febrero 13, 2009 @ 3:52 pm | Responder

  2. ¿Será posible, que hoy me he levantado tarareando esto???

    La asimetría es belleza innata en el ser humano , Scotman!!

    Comentario por Eme — febrero 16, 2009 @ 12:03 pm | Responder

  3. Claro que sí, Pat… Bien está lo que bien acaba, no? Bueno, o lo que bien empieza, según se mire… Bueno, bien está lo que está bien, que me lío, me lío…

    Jejejeje… bienvenido a mi mundo, Eme, yo me levanto todos los días tarareando esto (y ahí se acaban las similitudes… o quizá no…). Y estoy contigo, eh? La asimetría es belleza. Para mí al menos…

    Comentario por dannymacgill — febrero 17, 2009 @ 10:04 pm | Responder

  4. Siempre me sorprendes, Dani, temblaba pensando en el psicópata asesinando a la pobre chica que desiguala su cama… 😀 Este final es de los que a mi me gustan!!!

    Comentario por Salam — febrero 19, 2009 @ 1:49 pm | Responder

  5. Hija, Salam… ni que yo me prodigara en escribir sobre psicópatas asesinos :-D. Bueno, pues si a ti te gusta… yo contento. O más contento. Si cabe. Un beso, colegiala linda colegiala.

    Comentario por dannymacgill — febrero 20, 2009 @ 11:37 pm | Responder

  6. NOooooo, pero sí que me se de sobra lo que te gustan los finales tristes… junto con mi truculencia innata pues daba lugar a semejante coleguita.

    Comentario por Salam — febrero 21, 2009 @ 10:02 am | Responder

  7. Vaaaaaaaaale… pues para que veas que me estoy reformando. Despacio, eso sí…

    Comentario por dannymacgill — febrero 22, 2009 @ 11:44 pm | Responder


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