El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

enero 16, 2009

Relato: Un recuerdo borroso

Filed under: Paperback writer (Relatos) — dannymacgill @ 1:47 pm
Tags: , , , , , , ,

Las puertas del ascensor se abren con un ruido incómodo. Ante mi madre y yo se extiende un pasillo larguísimo, al menos desde mi perspectiva. Me da un poco de miedo este sitio y el olor penetrante que se respira aquí. Le agarro la mano a mi madre. Fuerte.


Bien, según el albacea de mi madre, ésta es la casa. La antigua casa familiar de mi padre. Definitivamente, nunca he estado aquí. No que yo recuerde. Antes lo dudaba. No sé, igual de pequeño; a lo mejor al estar frente al porche me viene algún recuerdo; tal vez la calle, la plaza del pueblo,…

Pero no. Con total seguridad, no recuerdo haber estado aquí en mi vida.

La llave entra con una facilidad sorprendente. Las cerraduras antiguas, ya se sabe. Antes todo se hacía para durar.


Mi madre y yo recorremos el pasillo a paso rápido. Mamá parece saber con certeza hacia dónde nos dirigimos. A lo mejor ha estado antes.

Miro los carteles. Una señora guapa con un sombrero raro y un dedo en los labios. Si. Le. No, Len. Cio. Por. Fa. Vor.

– Mira, mamá, pone “Silencio por favor”!
– Shshshsh… Calla, cielo, anda…


La planta baja de la casa está vacía, completamente vacía. Ni muebles, ni sanitarios, ni equipamiento en la cocina. Nada, sólo polvo, telarañas y algunos papeles amarillentos por el suelo. Abro las contraventanas y las ventanas. El aire de marzo parece ansioso por ocuparse del ambiente opresivo de la planta baja.

La escalera de madera chirría bajo mi peso. Me encanta que me recuerden lo gordo que estoy. Joder.

Dos de las tres habitaciones de arriba también exhiben su desnudez sin ningún tipo de vergüenza. Pero una habitación está completamente amueblada. Una cama en la que ni me atrevo a sentarme, un armario sorprendentemente sólido, un buró con su silla. Pósters amarillentos. The Beatles. Los Mustang. Elvis. Ésta debía ser la habitación de mi padre. Me pregunto si la llave pequeñita del llavero será la que abre el buró…


La habitación tiene las paredes blancas y desnudas. Una cama con el cabecero y el pie de hierro. A través de las barras del pie de la cama veo al hombre acostado. Debe ser muy viejo. Pienso que tiene cien años. O a lo mejor cuarenta. Tiene unos pocos pelos en la mejilla, y le faltan dientes. Se le nota mucho cuando habla. Le tiemblan las manos y un poco la barbilla. Mamá está a su lado, muy seria. Le da la mano.


Es la llave. Un buró normal, con sus cajones y sus compartimentos. Vacío, vacío, vacío. En un cajón, sin embargo, hay un cuaderno, tamaño octavilla. En la portada está escrito, con muy buena letra “Cósima”. Y debajo el nombre de mi padre. Tiene que referirse a mi madre, claro. Cósima no es un nombre tan corriente.

Abro la primera página. Creo que en mi vida he tenido tanta curiosidad por leer algo. No tengo casi recuerdos de mi padre.

“Debo seguir viendo a Enrique? Eso me has preguntado hoy. A mí, tu gran amigo, tu confidente. El que te escucha, el que te entiende. Y yo… qué te voy a decir, amor mío? Que Enrique es un imbécil engreído? Que no entiende el privilegio que supone acariciar tus labios? Que debería arrodillarse ante ti y adorarte como al ser más precioso de la creación, como haría yo si me dejases?

No, claro, no puedo decirte eso. Tengo que decirte lo que quieres oír. Que Enrique tiene sus cosas, pero que es un chico estupendo. Claro. Es un triunfador, todas las chicas van detrás de él y tú, en el fondo, te sientes afortunada, por más que te haga sufrir con su desprecio. Tiene gracia. Tú, que con sólo mirarme justificas un día entero de mi vida”.


Un hombre de bata blanca ha entrado. Ha leído unos papeles que hay en una carpeta. Después se acerca a hablar con mamá. Así que aprovecho y miro la carpeta. Tiene palabras largas. Me gustan las palabras largas. Son difíciles.

Mamá intenta soltarse. El hombre de la cama le sujeta la mano. Está llorando.

– Por favor. Por favor, por favor, no me dejes…


Paso las páginas escritas por este desconocido. Hablan de una mujer que acaba de morir, hablan de un amor que murió hace mucho. Y sin embargo, no puedo evitar sentirme tocado por esta historia. Como si me la estuviera contando un buen amigo.

“Hoy, al despedirnos, después de nuestra eterna conversación sobre tus problemas me has dicho: Menos mal que te tengo a ti. No puedo evitar pensar que eres una maldición en mi vida. Contigo en el mundo no seré nunca feliz. Y sin embargo… no puedo concebir un universo donde no esté tu sonrisa.”

“Los días felices son los peores. Hoy Enrique te ha dicho que estabas guapa. Y tus ojos podrían haber iluminado la verbena. Ya ves… Él, que no sabe que te rascas la ceja izquierda cuando estás a punto de enfadarte. Él, que ignora que lo que más te gusta en el mundo es meter la mano en los sacos de lentejas. Él, que ni siquiera conoce tu poema favorito. Él te hace feliz sólo con decirte que estás guapa. Yo nunca podré llegar a eso. Por eso creo que debes estar con él. Aunque mi corazón se rompa. Aunque lo único que certifique que sigo teniéndolo es cuánto, cuánto, cuánto te amo”.


Mamá me da la mano y salimos de la habitación. Ella también está llorando. Así que pienso en algo que la hará sentirse orgullosa. He leído una palabra muy difícil. Y me acuerdo de toda la palabra perfectamente.

– Mamá, qué significa dipsomaníaco?


Última entrada.

“Se ha hecho de noche demasiado rápidamente. Juntos, en el banco, te he escuchado discutir contigo misma eternamente sobre Enrique. Y, de pronto, te has vuelto hacia mí y me has preguntado sonriendo: Bueno, y tú… tú qué quieres? Y entonces mi vida entera ha cobrado sentido, y me he sentido invencible, y me ha dado todo lo mismo. Y te he dicho la verdad. Te he dicho: Quiero cuidar de ti, toda mi vida, si tú me dejas. Me has mirado largo rato. Me has acariciado la mejilla. Te has levantado y te has ido a casa. En el parte han dicho que mañana hará buen tiempo. A ver si es verdad.”

Cierro el cuaderno. Esto es lo más cerca que estado de mi padre en mis treinta y cinco años de vida. No tengo recuerdos de él. Sólo uno, borroso, lejano… que comienza con las puertas de un ascensor que se abren con un ruido incómodo.

Anuncios

6 comentarios »

  1. Es muy triste, danny, muy triste…
    Mientras leo, tatareo…
    Un beso

    Comentario por pat — enero 16, 2009 @ 3:24 pm | Responder

  2. Bueno, sí, es triste… pero es que a mí los finales felices (al menos en ficción), como que no me van, ya sabes. Jejeje, cualquiera diría que no me conoces.

    Un beso, Lady Axe (y si tienes algo que objetar, no te cortes, ein?)

    Comentario por dannymacgill — enero 16, 2009 @ 10:55 pm | Responder

  3. esta historia me ha cambiado el día, Danny. Tan tan triste… 😦
    Como llegas cuando quieres, eh.

    Comentario por Salam — enero 23, 2009 @ 1:46 pm | Responder

  4. Vaya, pues lo siento mucho, Salam. No lo de llegar, claro, lo de ponerte triste y cambiarte el día. Voy a tener que poner advertencias como los medicamentos!!! 🙂

    Comentario por dannymacgill — enero 23, 2009 @ 10:35 pm | Responder

  5. Es que me dió por leerla mientras escuchaba tu última recomendación musical y la mezcla pudo conmigo.
    Ja, está bueno eso de las advertencias… 😀

    Tú déjame a mí con mis arrebatos y no dejes de escribir así.

    Comentario por Salam — enero 26, 2009 @ 1:52 pm | Responder

  6. Vale, yo te dejo… pero acepta al menos un consejo: NO MEZCLES!!!! Si es que… no pué sé… 😀

    Comentario por dannymacgill — enero 26, 2009 @ 11:03 pm | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: