El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

enero 10, 2009

Relato: Hasta que la muerte nos una

Archibald Trelawney era un hombre feliz. Y tenía motivos para serlo. Heredero de una de las grandes fortunas de la Costa Este, doctorado en Harvard, con una prometedora carrera política que sólo necesitaba para arrancar que su imagen fuera la imprescindible: la de hombre familiar. Y eso estaba muy cerca de suceder.

Era la primera vez que se subía en el nuevo ascensor del Shackelton Plaza. La verdad es que las vistas a través de las paredes acristaladas eran espectaculares. De repente, entre el piso 27 y 28 (lejos aún de su destino, en la planta 52) el ascensor se detuvo con un sonido seco. Eso no fue lo más raro. Lo más raro fue que, en ese preciso instante, ante la mirada atónita de Archibald se materializó un hombre elegantemente vestido.

– JODER!!!! Usted… usted… coño, usted es ROBERT DE NIRO!!!!! Pero si parece 20 años más joven que en la tele!!!!!!
– Estooooooo… bueno, es normal la confusión. No, no soy Robert de Niro, soy Satán.
– Cómo?????
– Satán, el demonio…
– Con esa pinta????
– Bueno, suelo usar ésta porque es la que más me gusta de los que me han interpretado en el cine… Ni te imaginas el lío que se monta cuando me aparezco como Brad Pitt… Pero vamos, si quieres…

Robert de Niro hace un gesto con la mano y al instante surge una nube amarillenta y su aspecto cambia por el de un demonio en condiciones, con su cuerno, su rabo, sus pezuñas y todos los perejiles.

– Cof, cof… Oye, perdona… lo de la nube sulfurosa es necesario???
– Eh, bueno, en realidad no, es un poco de teatralidad, ya sabes, va con el cargo…
– Coño, Robert, que esto es un lugar cerrado, hombre… cof, cof…
– Ya, perdona, es que como yo no respiro.

El demonio hace un gesto similar, la nube desaparece y él vuelve a ser Robert de Niro en “El corazón del ángel”. Se cruje los dedos y se aclara la voz.

– Bueno, hablemos de negocios…
– Pues sí, porque la verdad es que tengo algo de prisa…
– Lo sé, lo sé… Bueno, no debes preocuparte. Vas a morir.
– Sí, bueno, ya, como todo el mundo – Archibald no está muy convencido de que Robert de Niro se refiera exactamente a eso.
– Ja, ja. Me parto alguno de mis trescientos mil cartílagos contigo… Vas a morir AHORA.
– Pero cómo ahora????
– Sí, este ascensor se va a precipitar al vacío en un par de minutos. Y tú la diñas.
– Pero… pero… eso no puede ser!!! Este ascensor es nuevo, seguro que tiene unas medidas de seguridad tremendas…
– Este ascensor es una puta mierda, lo que yo te diga. Habré provocado yo accidentes de ascensores… Mucha decoración, mucho cristal blindado y los cables de seguridad son un ful.
– Espera… espera… Esto no tendrá que ver con el gordo que ha salido del ascensor antes de que yo entrara, no??? Uno que debía pesar como 200 kilos.
– 206. Pues sí, por ahí va la cosa…
– ME CAGO EN SU PUTA MADRE!!!!!! Joder, precisamente hoy… Mira, no lo puedes posponer? Es que hoy es un día importante…
– Lo sé. Vas a declararte a Mandy. Tenéis mesa en el restaurante del ático. Flores, música, pedrusco… un completito.

Archibald intenta poner la cara del Gato con Botas en “Shrek 2”. Con escaso éxito, la verdad.

– Que no, Archie, que paso de ti. Vas a morir y se acabó.
– Dios… la pobre Mandy… esto la va a destrozar…
– Psché, no te creas… En seis meses se casará con Andrew Montague.
– Con el imbécil de Andrew?????
– Con el imbécil de Andrew. No sólo eso, sino que, con su apoyo y la fenomenal imagen de Mandy, Andrew se convertirá en el primer presidente de EE.UU. con graves taras mentales…
– Querrás decir el tercero.
– Bueno, vale, el tercero… no me gusta alardear de mis éxitos – Robert de Niro sonríe modestamente y hace un dibujo con el pie.
– Y oye… una pregunta…
– Dime.
– Si voy a morir, para qué has venido?
– Ah bueno, eso… Verás, mi Sosainas Antagonista y yo tenemos un acuerdo verbal. Cuando intervengo para causar caprichosamente la muerte de alguien le debo conceder un último deseo, uno que pueda realizar. Nada de la paz mundial y esas mierdas. La mayoría piden que me mantenga lejos de su familia y, no te voy a engañar, luego intento saltarme la promesa… así que piénsalo bien.

Archibald frunce el ceño. Al cabo de un rato su privilegiada mente, educada en los mejores centros, da con la respuesta.

– Hummmmm… tengo una idea. A ver si esto…


Esta noche, a las 21:14 se ha producido un terrible accidente en el Shackelton Plaza cuando uno de los nuevos ascensores ha sufrido una avería y se ha precipitado al vacío desde el piso 27. El trágico suceso se ha cobrado dos víctimas. Una es el señor Archibald Trelawney, muy conocido en la alta sociedad neoyorquina y único pasajero del ascensor. La casualidad ha querido que la otra víctima haya sido la que se consideraba como futura prometida del señor Trelawney, la señorita Mandy Pricehouse, que resultó fatalmente alcanzada por un trozo de metal proyectado por el choque de la cabina con la planta baja, donde se encontraba esperando el ascensor. Testigos presenciales afirman que el señor Trelawney aparentemente lanzó una bomba de gas amarillo en el interior del ascensor segundos antes del accidente. La policía investiga las causas de tan extraño comportamiento y bla bla bla…

Este relato pertenece a “El Club de los Jueves” (27/11/08). Tema propuesto: Historias que suceden en un ascensor.

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