El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

diciembre 13, 2008

Relato: Veinte de noviembre

Intento coger todo el aire que pueda, llenarme los pulmones con el intenso olor a resina de pino. El aire es frío, muy frío. Noviembre, La Mancha, las ocho de la mañana. No es buena combinación si eres friolero, no. Recuerdo a mi padre, que nunca salió del Maestrazgo. Decía que el frío distingue a los hombres. Tuviera o no razón, lo cierto es que yo sólo noto el frío en la nariz.

El cielo está despejado, de un azul intenso. Hoy hará bueno. Intento fijar todos los detalles que pueda. Aquello a lo lejos debe ser Cabañeros. A pesar de la temperatura, es una suerte que la camioneta no sea cerrada. No hubiera querido perderme este paisaje, estas montañas, este cielo. Ni cambiaría el olor a pino por el de cinco hombres con harapos que hace ni se sabe que no se lavan. Total, por un poco de frío.

Joaquín lo lleva peor. Tiembla, tiembla mucho. Prefiero pensar que es el frío y no la certeza. Apura una colilla desde hace lo menos quince minutos. No sé cómo se las apaña para estirar tanto el tabaco, ni de dónde lo saca. Le entiendo. Su mujer, sus cinco críos, su puesto de maestro en Toledo, sus padres. Ayer mismo estuvo con ellos, lo que tiene estar cerca de casa, claro. Es su primer paseo. Yo ya he pasado por esto dos veces, y sin embargo he regresado. Pero esta vez… esta vez es diferente.

La camioneta frena bruscamente. Es un sitio tan bueno como otro cualquiera. De la parte delantera descienden los dos soldados imberbes y el sargento, Alonso creo que se llama, encargados de custodiarnos. Nosotros también bajamos, sin necesidad de que nadie nos diga nada. A lo mejor hace dos años… O hace un año… Quizá entonces hubiera sido diferente. Pero llevamos demasiado tiempo y nuestro espíritu está quebrado. La certidumbre se ha apoderado de nosotros y sólo el momento es, o era, una incógnita. Así que cogemos las palas y nos dirigimos hacia un lugar impreciso que nos señala Alonso. Tiene la mirada triste, se conoce que no le gusta esto. Y a quién le gusta. Pero muestra entereza. Como yo. Como todos.

Comenzamos a cavar. Entro en calor rápidamente. No puedo dejar de pensar en Matilde, en Matilde y en nuestro hijo Julián, al que no conoceré. En la carta que recibirán mañana, o dentro de unos días. “Abatido por las fuerzas del Orden mientras intentaba fugarse”. Tuvo que ser hoy, podría haber sido otro día. Pero es precisamente hoy, porque el coronel pensó que sería apropiado. Veinte de noviembre de 1941, quinto aniversario del fusilamiento de José Antonio. Cinco rojos para celebrar la efeméride… Escucho un disparo, creo que ha sido Joaquín. Sigo cavando, inspiro una vez más, dejo que el aroma de los pinos me despida de la vida.

Este relato pertenece a “El Club de los Jueves” (20/11/08). Tema propuesto: Un viaje por carretera.

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2 comentarios »

  1. Después de como tengo el cuerpo con tanta hamburguesa pensé que el frío en la cara me sentaría bien, pero esto es todo un bofetón. ¿quién se puede acostar ahora?
    Mae mía qué daño haces cuando quieres… 🙂

    Qué ganas tengo de leer una historia larga, larga, escocés, ¡pero escrita por tí eh, que te conozco y te escurres como los peces!

    Comentario por Salam — enero 3, 2009 @ 3:52 am | Responder

  2. Quién se escurre???? Yooooooooooooooo???? Estooooo… y quién es ese escocés del que hablas????? 😀 Gracias por tus palabras, incondicional.

    Comentario por dannymacgill — enero 3, 2009 @ 10:58 am | Responder


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