El extraño y alucinado universo de Danny MacGill

septiembre 19, 2008

Relato: El pintor y su obra

Filed under: Paperback writer (Relatos) — dannymacgill @ 12:58 pm
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El pintor estaba claramente incómodo. No era para menos. Había pintado la misma habitación cinco veces, en cinco tonos distintos de ocre. Indistinguibles para un ojo humano normal, pero “absolutamente di-fe-ren-tes” para la señora adinerada. Ahora esperaba expectante la inspección de su trabajo de la tarde del día anterior, rogando en voz baja que esta vez fuera la definitiva.

Su situación laboral era cualquier cosa menos idónea, y todo por culpa de este encargo. Cierto es que la señora le pagaba cada jornada, pero estaba dejando desatendidos otros compromisos. Y él siempre se había jactado de ser un profesional formal. En este trabajo la formalidad lo es todo. Para colmo de males, el malestar intestinal que le acosaba presagiaba una jornada de elevada actividad peristáltica.

– No. No es esto.

La sentencia era firme. Ni apelación, ni hostias. El pintor ensayó la conmiseración como recurso.

– Pero señora, ayer le propuse diecisiete variaciones de color, y cinco de textura. Ésta es la que eligió. Ésta.

– Pues habrá cambiado con el secado. Pero esto no es lo que busco. Es vulgar. Es anodino. Es… como muy Leroy Merlin, no sé si me entiende…

Ya hubiese querido el pintor entenderla.

– Lo quiero con menos amarillo y un puntito más de beige, y la textura algo más primitiva, pero no tan rugosa como un gotelé normal, ¿eh?

Salió del cuarto, del campo visual del pintor, de la casa. El pintor soñó un instante con dulces imágenes de homicidios bien planificados, señoras que vestían abrigos de piel en abril ahogadas en latas de pintura de color ocre, con un puntito beige. El dolor de barriga le hizo desistir de esos planes.

(…)

La tarde se iba yendo despacio, como si se despidiese de una cita agradable que quisiera alargar. La señora inspeccionaba nuevamente la habitación. Seis minutos. Quince minutos. Demasiado para catorce metros cuadrados. Finalmente se puso muy seria.

– ¡¡¡¡¡¡Esto es ex-xac-ta-men-te lo que quería!!!!!!

El pintor no se lo podía creer… ¿era posible?

– El tono, con estas sutiles variaciones… la textura, con estas pequeñas irregularidades… qué gusto da pasar la mano por ellas… estos juegos que hace la luz al incidir… ¡¡¡es perfecto!!! ¿Cómo lo ha conseguido? ¡Esto no está en ninguna revista de decoración que yo haya visto!

La señora no esperaba respuesta. Extendía un cheque con la soltura de quien cree que el dinero simplemente se tiene.

– Como verá he añadido una generosa gratificación… Ya sabe, las molestias…

Oh, sí… El pintor sabía.

– … en fin, que las molestias que me ha causado son cosa del pasado, ¿vale?

El pintor se rascó la cabeza con aire pensativo mientras recogía sus útiles. Finalmente no pudo resistirse.

– No sabe cuánto me alegro de que le haya gustado tanto… mi obra.

La señora se rio como sólo saben hacerlo las personas adineradas.

– Jajajajaja, ande hombre, ni que fuera usted Miguel Ángel… “mi obra”…

El pintor sonrió modestamente y salió del cuarto, del campo visual de la señora, de la casa. Qué bien que las molestias intestinales hubieran desaparecido…

Este relato pertenece a “El Club de los Jueves” (17/04/08). Tema propuesto: El pintor y su obra.

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