Seguro que todos hemos tenido, en alguna ocasión, la extraña sensación de que la gente que nos gobierna se puede catalogar casi por completo en dos categorías (no excluyentes): trepas e incompetentes.
Como parece que en todas partes cuecen habas, probablemente nadie mejor que la BBC para arropar una comedia política que con casi total seguridad no habría podido filmarse en otro lugar. Porque In the loop es irreverente, cáustica, incómoda y realmente divertida.
El director, Armando Ianucci, es escocés. Vale, con ese nombre… pues sí, hijo de italiano y escocesa, y heredero probablemente de lo mejor de ambos mundos. Porque si busco un parentesco con esta película me vienen a la memoria, inevitablemente, las comedias italianas de los 50 (el gran Gassman, el magnífico Sordi,…) o nuestra querida La escopeta nacional. Pero a su vez, tamizado por un british sense of humour que recuerda a los mejores Monty Python (o sea, cuando se ponían cabroncetes, no cuando se les iba la olla).
La película es coral, por más que James Gandolfini (nuestro capo mafioso favorito de todos los tiempos) ejerza de gancho. En realidad, los protagonistas principales son actores británicos curtidos en las series de la propia BBC y desconocidos para el gran público (como yo, sin ir más lejos). Aunque, si tengo que destacar a alguien, no me queda más remedio que inclinarme por un extraordinario Peter Capaldi en el papel de Malcolm Tucker, jefe de comunicación del gobierno británico. Un personaje desquiciado y desquiciante, perpetuamente cabreado y malhablado como sólo lo puede ser un escocés con mala hostia al que, para colmo, los americanos insisten en llamar “inglés”.
Pero lo mejor de la película, en mi opinión, es que, siendo una comedia, una de las buenas, de las que te hacen reír mucho, tiene como trasfondo los chapuceros tejemanejes políticos que permiten justificar una guerra. Y cuando la película acaba, sabiendo que es una comedia, te deja la sensación agridulce de pensar que quizás, después de todo, la realidad no es tan distinta.