Ya está aquí la adaptación al cine del fenómeno editorial de los últimos años: la saga Millennium, obra del sueco Stieg Larsson. Fenómeno editorial hasta cierto punto incomprensible para mí, debo decir. Pero no os voy a hablar de la novela, sino de la peli. Y me temo que no voy a hablar demasiado bien…
No me malinterpretéis, no soy uno de esos fanáticos que se rasgan las vestiduras cada vez que alguien quiere llevar al cine su libro de cabecera. No tengo nada personal contra las adaptaciones. Y no tengo expectativas, por más que el libro en cuestión me haya gustado. Para mí el cine y la literatura son lenguajes completamente diferentes y no tiene sentido (casi nunca) intentar trasplantar una historia de uno a otro lado así sin más.
Una adaptación con alto grado de fidelidad puede encantarme (me pasó con The Lord of the Rings, que espantó a muchos fieles del libro, o con The Maltese falcon, de la que os hablé hace poco) y también puede resultarme insulsa o directamente insoportable. Y, a veces, una adaptación libre de una obra maestra puede dar origen a otra obra maestra, como sucedió con las impresionantes L.A. Confidential, la de James Ellroy y la de Curtis Hanson.
Qué os puedo decir entonces de Millennium I? Pues que, a mi entender, no es una buena película. Los hallazgos de la novela, en mi opinión, radican en los personajes. Personajes complejos, nada lineales, con comportamientos un tanto arquetípicos tal vez, pero al fin y al cabo esto es ficción. Hasta cierto punto, los inclasificables y un poco marginados personajes del universo Millennium me parecen una metáfora de la sociedad actual, enfrentados en sus contrastes y condenados a entenderse, pero sin llegar a comprenderse del todo. Coño, qué bonita me ha quedado la frase…
Bueno, que me pierdo. Olvidaos de esto en la peli. La obsesión por mantener la trama lleva a una compresión de personajes, acciones y motivaciones que hace que los personajes, que sobre el papel pueden ser interesantes, resulten planos y sus acciones, explicadas en la novela hasta la saciedad (por lo menos la mía!!!), terminan pareciendo absurdas o pueriles. Eso sí, la trama principal se respeta más o menos. Pero, no nos engañemos, la trama no es ningún descubrimiento. Los giros no son excepcionalmente sorprendentes y las conclusiones aún menos.
En fin… que ponemos al frente del reparto a uno de los Baldwin baratos (homenaje a Joss Whedon!!!) y lo rodamos en Connecticut y tenemos un telefilme de sobremesa de lo más aparente. Le daré una oportunidad a la segunda parte? Pues… es posible. Joder, es que me trago cualquier cosa, de verdad…